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, , - Publicado en 24 de octubre de 2026

Mingas por el mar: más de 10 años transformando la lucha contra el plástico desde las comunidades de Ecuador

Desde las limpiezas de playas hasta la implementación de sistemas de reúso, Mingas por el mar demuestra que las soluciones a la contaminación por plásticos comienzan en el territorio. Como parte de Break Free From Plastic, la organización ecuatoriana conecta la acción local con un movimiento global que busca transformar la manera en que producimos, consumimos y gestionamos los plásticos.

Libérate del plástico LAC

Cuando cuatro surfistas comenzaron a limpiar las playas de Ecuador en 2014, lo hicieron movidos por una contradicción difícil de ignorar: ¿cómo era posible que espacios naturales de tanta belleza estuvieran cubiertos de basura? Lo que empezó como una respuesta a la contaminación se convirtió en una organización que hoy trabaja con comunidades, impulsa iniciativas de educación ambiental, genera información y desarrolla alternativas para reducir el uso de plásticos desechables.

Así nació Mingas por el mar, una fundación ecuatoriana que apuesta por una idea fundamental: para enfrentar la contaminación por plásticos no basta con retirar los residuos; es necesario comprender el problema y construir soluciones con quienes conviven con él cada día.

“Nuestra misión es trabajar desde el territorio, es decir, con las comunidades, porque son quienes ven el problema día a día y muchas veces no tienen los conocimientos o herramientas para hacer estos cambios importantes”, explica Nicole Casal, coordinadora de educación de la organización.

Las limpiezas de playas pronto se convirtieron también en una oportunidad para generar conocimiento mediante la ciencia ciudadana. Desde 2018, Mingas por el mar recopila datos que han contribuido a impulsar cambios en las políticas públicas. A esta labor se suman proyectos de educación ambiental y sistemas de reúso que buscan abordar la contaminación desde sus causas.

Del residuo a la solución: el reúso como alternativa

En 2023, gracias a un pequeño fondo local, Mingas por el mar puso en marcha un proyecto para reducir el consumo de plásticos de un solo uso en establecimientos turísticos mediante la entrega de vasos y sorbetes reutilizables.

La iniciativa incluye un censo previo de los locales y un seguimiento mensual durante al menos seis meses para medir resultados e identificar oportunidades de mejora. Cada establecimiento firma un acta de compromiso para garantizar el cuidado de los artículos entregados. Este mecanismo ha contribuido a reducir en al menos un 80% la pérdida de los reutilizables.

Más allá de estos resultados, el proyecto demuestra que las alternativas al plástico desechable necesitan acompañamiento y compromiso para mantenerse en el tiempo. “Yo he visto cómo un proyecto de reúso tan pequeño y sencillo ha estado teniendo beneficios muy buenos”, señala Casal. Su visión es avanzar hacia sistemas de reúso y retornabilidad que involucren a las comunidades como protagonistas y que cuenten con los recursos necesarios para crecer y consolidarse.

De la evidencia local a los cambios en las políticas públicas

Los datos recopilados por Mingas por el mar desde 2018 también han servido para impulsar la regulación nacional de los plásticos de un solo uso en Ecuador, con especial atención a las áreas protegidas.

El marco normativo aborda los plásticos desde una perspectiva que considera su ciclo de vida, desde la producción hasta la disposición final, y constituye una base para el trabajo que la organización desarrolla con el sector turístico.

Esta experiencia muestra cómo la acción comunitaria puede contribuir a transformar las decisiones públicas: la información generada en el territorio permite visibilizar el problema y aportar evidencia para impulsar medidas que vayan más allá de la gestión de residuos.

Casal ha observado una evolución en la manera en que se aborda esta problemática. Cuando comenzó a trabajar en el tema, hace nueve años, eran relativamente pocas las personas y organizaciones que hablaban de la contaminación por plásticos con la seriedad que merecía. Hoy existe más información y una mayor disposición a escuchar e involucrarse.

Sin embargo, la creciente conciencia pública no siempre se traduce en decisiones políticas. “El involucramiento de los tomadores de decisiones es lo que nos frena tanto, porque somos muchos hablando y con iniciativas en esta lucha, pero sigue habiendo resistencia por parte de los tomadores de decisiones, en todos los niveles, y es por las industrias que quieren mover todo”, advierte.

Frente a estos obstáculos, resulta fundamental mantener la presión para que las instituciones adopten medidas ambiciosas que aborden la contaminación desde sus causas y permitan ampliar las alternativas desarrolladas en las comunidades.

Una lucha local que forma parte de un movimiento global

Mingas por el mar forma parte de Break Free From Plastic (BFFP), el movimiento global que reúne a organizaciones comprometidas con un futuro libre de contaminación por plásticos. Para la fundación ecuatoriana, pertenecer a esta red significa conectar con otras organizaciones, intercambiar experiencias y fortalecer el trabajo local mediante el aprendizaje colectivo.

“La idea de ser parte de un movimiento global que tiene como objetivo central luchar en contra de los plásticos desde las diferentes aristas: políticas públicas, lucha en territorio..., que nos permita conectar con otras ONG para aprender y apoyarnos”, explica Casal.

En Ecuador, Mingas por el mar ha colaborado con organizaciones en iniciativas de educación ambiental, compostaje y reciclaje comunitario. A escala regional, comparte su experiencia en sistemas de reúso con otras ONG para que puedan adaptar y replicar el modelo en sus territorios.

Al reflexionar sobre los 10 años de BFFP, Casal destaca la consolidación de una red que reúne a organizaciones con diferentes alcances y formas de trabajo, pero con un objetivo común: “Porque conectamos, aprendemos, construimos juntos, entre organizaciones, un futuro más justo y limpio, teniendo como apoyo a un movimiento que respeta las opiniones, apoya decisiones y nos permite crecer como organización y en equipo”.

La trayectoria de Mingas por el mar refleja el valor de esta articulación. Una iniciativa nacida de la preocupación por las playas puede generar datos, contribuir a cambios normativos y desarrollar alternativas que luego se comparten con organizaciones de otros países. El movimiento global se fortalece cuando respalda a quienes convierten sus objetivos comunes en acciones concretas.

Un tratado global para cambiar las reglas del juego

Esta conexión entre las iniciativas locales y la acción internacional cobra especial relevancia en el proceso hacia un Tratado global de plásticos. Para Casal, el proceso ha permitido reunir esfuerzos que antes avanzaban de manera más dispersa. “Creo que el tratado ha juntado los esfuerzos bajo un mismo paraguas amplio e importante, porque tal vez antes los esfuerzos eran muy dispersos, pero ahora, con el fin de conseguir un tratado fuerte, las distintas ONG y tomadores de decisiones de muchos países ya están colaborando entre sí”, señala.

Un tratado ambicioso puede establecer compromisos compartidos para abordar la contaminación por plásticos a lo largo de su ciclo de vida y crear condiciones para que las soluciones locales formen parte de una transformación más amplia. Para ello, será fundamental que los compromisos internacionales se traduzcan en medidas concretas y que las comunidades y organizaciones que trabajan sobre el terreno cuenten con espacios de participación y recursos para sostener sus iniciativas.

La experiencia de Mingas por el mar recuerda que los cambios globales también se construyen desde las playas, las comunidades y los establecimientos que apuestan por alternativas al plástico desechable. Diez años después del nacimiento de BFFP, su trabajo demuestra que la acción local es indispensable, pero necesita políticas públicas sólidas, cooperación internacional y un tratado capaz de transformar las reglas que perpetúan la contaminación.

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