Cuando el movimiento Break Free From Plastic (BFFP) nació en 2016, Taller Ecologista ya llevaba años cuestionando el modelo de producción y consumo que convierte al plástico en un problema global. Por eso no sorprende que la organización argentina haya sido uno de los miembros fundadores del movimiento y que, 10 años después, siga siendo una de las voces más activas en América Latina.
Para Cecilia Bianco, coordinadora del área de Tóxicos de Taller Ecologista, la historia de la organización demuestra que el trabajo contra la contaminación plástica nunca ha sido solamente una cuestión de residuos. “Nuestra misión es proteger el ambiente haciendo que tengamos ciudades sustentables. Sabemos que el plástico tiene impactos durante todo su ciclo de vida y, desde las ciudades, lo que más vemos es la parte de los residuos, pero el problema empieza mucho antes”.
Fundada en 1985, Taller Ecologista trabaja actualmente en las áreas de soberanía energética, humedales y aguas para la vida, educación socioambiental, soberanía alimentaria, basura cero y sustancias tóxicas. Aunque sus áreas son diversas, existe un principio común: entender que la naturaleza funciona como un sistema interconectado. “Esa es una de las grandes enseñanzas”, explica Bianco. “Nosotros tenemos áreas distintas, pero sabemos que la naturaleza no está fragmentada como nuestras organizaciones”.

Cambiar la conversación sobre el plástico
Durante muchos años, la narrativa dominante responsabilizó casi exclusivamente a los consumidores por la contaminación plástica. Separar los residuos, reciclar y disponer correctamente de los desechos parecían ser respuestas suficientes.
Para Taller Ecologista, sumarse a BFFP significó encontrar una comunidad internacional que estaba haciendo exactamente la misma pregunta que ellos: ¿quién es realmente responsable de esta crisis?. “Lo que nos sumó fue entender que la causa no estaba estrictamente en la responsabilidad del consumidor. Siempre se decía que el responsable era quien consumía. Hoy queda muy claro que quienes producen esos envases y quienes comercializan estos productos tienen una enorme responsabilidad”.
Ese cambio de enfoque ha marcado buena parte del trabajo de la organización durante la última década. Las auditorías de marca, una de las herramientas impulsadas globalmente por BFFP, permitieron identificar de manera sistemática qué empresas son responsables de los residuos plásticos encontrados en playas, ríos y espacios públicos. Taller Ecologista fue una de las primeras organizaciones de la región en implementar esta metodología y, 10 años después, continúa liderándola en Argentina.
Bianco recuerda que el impacto fue creciendo con el tiempo. “Al principio fue muy difícil que los medios de comunicación prestaran atención. Hoy existe un interés muy importante por los resultados.” Pero el verdadero valor de estas auditorías no está únicamente en producir datos. “La gran contribución de BFFP fue demostrar que el problema no está solamente en la gestión del residuo, sino en cómo se diseña el producto y en las decisiones que toman quienes lo ponen en el mercado”.

Del diagnóstico a las soluciones
Más allá de denunciar el problema, Taller Ecologista ha dedicado años a construir alternativas concretas para reducir los plásticos de un solo uso. En Rosario impulsó propuestas que hoy forman parte de políticas públicas, como el reemplazo de vajilla descartable por porcelana o metal en el Concejo Municipal. También promovió ordenanzas de Basura Cero en distintas ciudades de la provincia de Santa Fe y ha participado en la elaboración de propuestas de regulaciones para eliminar los sorbetes descartables.
Al mismo tiempo, la organización desarrolla iniciativas comunitarias que buscan demostrar que otros modelos de consumo son posibles. Entre ellas se encuentra el banco de vasos reutilizables para organizaciones sociales, que evita el uso de miles de vasos descartables durante eventos; “Frascos vienen y van”, un proyecto que recupera envases de vidrio para ser reutilizados por emprendimientos de economía solidaria; y el impulso a sistemas de venta a granel y rellenado que reducen la generación de envases. “Con la visibilización que hace Taller Ecologista se fueron sumando más comercios. Cada vez hay más personas que llevan sus propios envases y eso ayuda a multiplicar estas prácticas”.
La organización también trabaja para visibilizar el vínculo que existe entre la contaminación plástica y la industria petroquímica. Su experiencia técnica la ha llevado incluso a asesorar a la Fiscalía Ambiental argentina en investigaciones relacionadas con los impactos del fracking enmarcados en la industria petroquímica. “Se llega a esos espacios gracias al trabajo en red”, afirma Bianco. “Nunca trabajamos solos”.
Producir plástico mientras se intenta reducirlo
Argentina no solo consume plástico, también produce las materias primas necesarias para fabricarlo. “Somos un país productor de plástico, de los precursores del plástico y de la materia prima. Además existe una industria muy poderosa, articulada con Brasil, que tiene una enorme capacidad económica”, explica Bianco.
Ese poder económico se refleja también en la dificultad para aprobar regulaciones. Bianco menciona como ejemplo los reiterados intentos fallidos de aprobar una ley nacional de envases y recuerda que detrás de cada propuesta para reducir los plásticos de un solo uso suele existir una fuerte resistencia por parte de la industria.
Por eso considera que el cambio no puede depender únicamente de decisiones individuales. “La gente muchas veces pregunta cómo usar menos plástico y no siempre hay una respuesta sencilla. Necesitamos cambios a niveles mucho más altos. Por eso es tan importante el Tratado Global de Plásticos”, agrega.

Más allá del reciclaje
Uno de los mensajes que Taller Ecologista ha trabajado es el de desmontar la idea de que el reciclaje, por sí solo, resolverá la crisis. Bianco sostiene que durante décadas la industria utilizó el reciclaje para trasladar la responsabilidad hacia la ciudadanía.
Aunque reconoce que el reciclaje cumple un papel importante, advierte que la realidad es mucho más limitada de lo que suele comunicarse. “Quienes trabajan recuperando materiales saben que una parte importante de los plásticos simplemente no tiene mercado”, añade.
Además, explica que muchos plásticos contienen mezclas de sustancias químicas tóxicas que permanecen presentes incluso después del reciclaje.“Lo fundamental es transparentar qué contienen los plásticos. No estamos hablando solamente de un polímero; también existen numerosos aditivos químicos cuya presencia muchas veces desconocemos”.
La fuerza de una red global
Después de una década dentro de BFFP, Bianco tiene claro cuál considera uno de los mayores logros del movimiento: haber construido una comunidad internacional capaz de compartir evidencia, aprendizajes y estrategias frente a un problema común. “Nos sentimos muy hermanos de las organizaciones de América Latina y el Caribe. Compartimos realidades económicas y políticas muy parecidas, y muchas soluciones que funcionan en un país pueden adaptarse a otro”, cuenta.
Pero el alcance de la red va más allá de la región. Participar en BFFP significa comprender que un envase encontrado en un río argentino puede formar parte de un patrón global de producción y consumo. “Es una mirada mundial. Hay productos que quizá no nos afectan directamente, pero sabemos que están generando impactos enormes en otros lugares del mundo y colaboramos porque entendemos que el problema es compartido”, explica.
Esa articulación también fortalece a las organizaciones cuando enfrentan campañas de desinformación o retrocesos políticos. “Cuando uno está desanimado, siempre aparece otra organización que logró un avance. Entonces uno acompaña ese éxito y sigue adelante”.
Un tratado para transformar el sistema
Para Taller Ecologista, el Tratado Global de Plásticos representa una oportunidad histórica para cambiar las reglas del juego. Bianco reconoce que las negociaciones serán largas y complejas, especialmente en un contexto geopolítico marcado por tensiones internacionales. Sin embargo, considera que el proceso ya está generando cambios importantes.
“Siempre digo que el tratado es el camino. Ese camino está lleno de oportunidades para mostrar el daño que produce el plástico, para demostrar que el reciclaje, tal como existe hoy, no alcanza y para discutir cómo se diseñan los productos”, dice.
Mientras más evidencia científica se acumula, explica, resulta más difícil sostener los discursos tradicionales de la industria. “BFFP se ha convertido en una enorme plataforma internacional para distribuir información científica sobre los impactos de los plásticos. Esa información ya es imparable”.

Construyendo un movimiento
Organizaciones como Taller Ecologista muestran que las transformaciones más profundas no ocurren únicamente en los espacios de negociación internacional. También se construyen en las ciudades, en las ordenanzas locales, en las auditorías de marca, en los comercios que adoptan sistemas de rellenado, en las personas que reutilizan envases y, sobre todo, en las alianzas que cruzan fronteras.
Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que quiere involucrarse en la lucha contra la contaminación plástica, Bianco no habla primero de campañas ni de conocimientos técnicos. Habla del trabajo colectivo. “Hay que tener paciencia, informarse y ser flexible. Pero sobre todo hay que trabajar en grupo, con otras organizaciones. Eso es fundamental”, dice. Y antes de terminar la conversación deja una última reflexión que resume tanto la experiencia de Taller Ecologista como el espíritu de BFFP: “El trabajo con las organizaciones de Latinoamérica y el Caribe es maravilloso. Es realmente emocionante.”




