En Concepción, al sur de Chile, hace 12 años un grupo de personas decidió que la crisis ambiental no podía abordarse únicamente desde la conservación de la naturaleza. Era necesario mirar también la forma en que vivimos, producimos, consumimos y nos relacionamos con nuestro entorno. Así nació Fundación El Árbol, una organización que aborda temas de basura cero, economía regenerativa y fortalecimiento de recicladores de base.
Para Milton Neira, director ejecutivo de la organización, la misión sigue siendo tan vigente como cuando comenzaron: “La Fundación El Árbol nació con el propósito de equilibrar la relación entre las personas, la sociedad y la naturaleza”. Ese equilibrio se expresa en tres líneas de trabajo. La primera busca la regeneración social y ambiental de los ecosistemas. La segunda impulsa economías regenerativas y trabajo digno, especialmente para recicladores de base. Y la tercera promueve estrategias de basura cero para reducir la generación de residuos y transformar la manera en que las comunidades se relacionan con ellos.

La plastificación de la vida cotidiana
Sin embargo, para la organización existe un desafío que atraviesa todas estas áreas: la creciente dependencia del plástico. Cuando Milton Neira habla de este material, lo hace desde una mirada que va más allá de la gestión de residuos. Para él, la expansión del plástico representa una transformación profunda de la vida moderna. “Creemos que una de las principales cosas que nos desequilibra en la vida cotidiana, especialmente en la vida urbana, es la plastificación de la vida diaria”, afirma.
Desde su perspectiva, el problema no se limita a la contaminación visible, sino que también tiene que ver con la desconexión que genera con respecto a las formas de vida más vinculadas a la naturaleza y a prácticas que, hasta hace pocas décadas, eran habituales. “Nos hemos vuelto dependientes de una tecnología de los últimos 50 años de la cual todavía no somos plenamente conscientes de sus consecuencias a largo plazo”, sostiene.
Esa reflexión resulta especialmente relevante en Chile, donde los avances regulatorios han posicionado al país como un referente regional en la lucha contra los plásticos de un solo uso. Sin embargo, para organizaciones como Fundación El Árbol, la verdadera transformación requiere algo más que leyes: necesita cambios culturales profundos.

Reconocer a quienes los recicladores de base
Entre los logros más importantes que la organización identifica en los últimos 12 años de trabajo está la visibilización del papel de los recicladores de base. “Creemos que se han logrado avances en articulación, autonomía e independencia de los recicladores”, señala Neira.
Mucho antes de que los debates sobre economía circular se instalaran en la agenda pública, Fundación El Árbol ya impulsaba iniciativas para reconocer el valor ambiental y social de quienes recuperan materiales reciclables y contribuyen diariamente a evitar que miles de toneladas de residuos terminen en vertederos y rellenos sanitarios.
Este trabajo ha estado acompañado por una apuesta creciente por el reuso y la reutilización, prácticas que la organización considera fundamentales para disminuir la dependencia de los productos desechables. “El reuso es una acción fundamental que puede realizar cualquier ciudadano o ciudadana”, explica.

Del discurso a la acción
Uno de los mayores desafíos que observa la organización es lograr que las personas pasen de la preocupación ambiental a la acción cotidiana. Neira reconoce que existe una mayor comprensión de los problemas asociados a los residuos, pero advierte que todavía persiste la idea de que la basura es responsabilidad de otros. “La gente puede entender el mensaje, conversar sobre él e incluso estar de acuerdo. Pero de ahí a pasar a la acción, hay un desafío importante”, comenta.
Aun así, identifica señales alentadoras. Cada vez más personas incorporan hábitos como portar botellas reutilizables, termos o cubiertos propios. Son pequeños cambios que ayudan a cuestionar la cultura de lo desechable y abren espacio para transformaciones más profundas.
Sin embargo, mantiene una mirada crítica respecto al panorama global. “Todo lo que hagamos puede ser maquillaje si no frenamos la producción de plástico”, advierte. Para él, la reducción drástica de la producción sigue siendo la medida más importante para enfrentar una crisis que continúa creciendo a escala mundial.

Basura cero: una solución posible
Mientras muchos municipios enfrentan crecientes dificultades para gestionar sus residuos, Fundación El Árbol insiste en que existen alternativas viables. La organización promueve el enfoque de basura cero no solo como una filosofía ambiental, sino como una estrategia práctica con beneficios económicos, sociales y ambientales.
Neira imagina ciudades donde la gran mayoría de los residuos orgánicos sean compostados y donde los materiales restantes puedan reutilizarse, reciclarse o mantenerse dentro de circuitos productivos. “La basura pasaría a ser una anécdota”, afirma.
La propuesta cobra especial relevancia en la región chilena del Biobío, donde el cierre progresivo de rellenos sanitarios está obligando a los gobiernos locales a buscar nuevas soluciones. “En este momento el costo logístico de la gestión de la basura es muy alto y se están cerrando rellenos sanitarios. La solución es basura cero”, sostiene.
Diez años de una red global
La historia de Fundación El Árbol también está profundamente ligada a la historia de Break Free From Plastic. La organización fue una de las primeras de América Latina y el Caribe en integrarse al movimiento y forma parte de la red desde sus inicios en la región.
La decisión fue natural. “Hace doce años, en Concepción, casi nadie veía la problemática de los residuos, y gran parte de estos residuos eran plástico. Cuando surgió la posibilidad de integrarnos a una red que buscaba superar el plástico, nos sumamos inmediatamente”, recuerda Neira.
Para él, el valor de BFFP va mucho más allá de la articulación política. “Hay un intercambio de saberes, experiencias y herramientas que nos fortalece como red, pero también como organizaciones individuales”, explica.
En una década, el movimiento ha logrado conectar luchas locales con una causa global, permitiendo que experiencias exitosas se compartan y adapten en distintos contextos. “Lo principal que ha hecho Break Free From Plastic es conectar a las organizaciones en una causa que es superior a la problemática inmediata de sus comunidades”, afirma.
La red ha contribuido además a generar proyectos concretos, fortalecer capacidades organizativas y proporcionar información estratégica para enfrentar uno de los desafíos ambientales más urgentes de nuestro tiempo.

Un tratado global de plásticos con alta ambición
A medida que avanzan las negociaciones para un Tratado global de plásticos, Fundación El Árbol observa el proceso con expectativa, pero también con preocupación.
Neira considera que el acuerdo debe abordar el problema desde su origen: la producción. “Tiene que haber compromisos claros hacia una disminución drástica de la producción de plástico, que avance hacia su detención y que incorpore una transición justa”, sostiene.
También advierte sobre la necesidad de superar los bloqueos que dificultan la toma de decisiones internacionales. “No puede ser tan fácil romper el consenso. Las reglas actuales permiten que países con baja ambición o influenciados por la industria petroquímica frenen los avances”.
Para organizaciones que trabajan diariamente sobre este tema, el tratado representa una oportunidad histórica para impulsar cambios estructurales que complementen los esfuerzos locales.

Pensar global, actuar local
La experiencia de Fundación El Árbol demuestra que las soluciones no nacen únicamente en las negociaciones internacionales ni en las grandes ciudades. También se construyen en comunidades que experimentan nuevas formas de gestionar sus residuos, fortalecer economías locales y recuperar vínculos con la naturaleza. La organización sigue apostando por alianzas con municipios, organizaciones sociales y redes internacionales para demostrar que la transición hacia modelos de basura cero es posible.
Y mientras esa transformación avanza, el mensaje que Milton Neira comparte sigue siendo sencillo y directo: “Piensa antes de aceptar un plástico. Considera la alternativa de rechazarlo. No es tan difícil”. Una invitación que resume tanto la filosofía de Fundación El Árbol como el espíritu que ha guiado durante una década al movimiento Break Free From Plastic: reusar, reutilizar, rechazar lo innecesario y trabajar colectivamente para construir un futuro donde la contaminación plástica deje de ser parte de la vida cotidiana.





