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, - Publicado en 30 de Abril, 2026

Fronteras Comunes: comunidad y articulación para enfrentar la contaminación plástica

En el marco de los 10 años del movimiento Break Free From Plastic (BFFP), resaltamos cómo el trabajo de Fronteras Comunes de México evidencia que la acción colectiva puede escalar demandas locales hacia espacios de incidencia global

Libérate del plástico LAC
Voluntarios de BFFP México
Primer encuentro BFFP en México. 2022

En un contexto mundial marcado por la intensificación de la crisis por contaminación plástica, las organizaciones de la sociedad civil han asumido un papel clave para visibilizar su impacto ambiental, social y en la salud. En México, una de las voces más persistentes en esta lucha es la de Fronteras Comunes, una organización con más de tres décadas de trayectoria en la defensa de la justicia socioambiental y los derechos humanos.

Para Marisa Jacott, socióloga y directora de la organización, la misión es clara y profundamente política: “Fronteras Comunes es una organización de justicia, de defensa del territorio que lucha por la protección de la salud humana y ambiental frente a la contaminación química, industrial y plástica. Trabajamos desde la incidencia política, la defensa de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, la investigación y la denuncia frente a políticas públicas que permiten y promueven este tipo de contaminación”.

Desde su fundación en 1994, Fronteras Comunes ha abordado la problemática del plástico como parte de un sistema más amplio de contaminación estructural, articulando estrategias de litigio, investigación y trabajo con comunidades. “Hemos logrado avanzar en varios de los múltiples frentes de lucha contra el plástico a través de redes, del trabajo interdisciplinario y de la articulación con movimientos sociales, científicos y el periodismo ambiental”, explica Jacott.

Una lucha contra el colonialismo de la basura plástica

Uno de los ejes centrales del trabajo de Fronteras Comunes ha sido denunciar el llamado “colonialismo de la basura”: el traslado sistemático de residuos desde países industrializados hacia naciones del sur global.

Tras el cierre de las fronteras de China a la importación de residuos en 2018, países como México comenzaron a recibir volúmenes crecientes de desechos plásticos, principalmente desde Estados Unidos. Para Jacott, este fenómeno no puede entenderse únicamente como un problema comercial: “La contaminación plástica y el colonialismo tóxico no es solo un asunto económico; también es de salud. Llega a nuestros cuerpos y territorios, es de destino y de presente, no de futuro”.

Jacott precisa que en las últimas dos décadas, México ha importado al menos 1.26 millón XNUMX mil toneladas de desechos plásticos, en su mayoría provenientes de Estados Unidos, lo que evidencia la magnitud del problema. Esta dinámica, señala, se sostiene mediante narrativas engañosas: “Se promueven falsas soluciones bajo el discurso de la economía circular, con procesos de ‘valorización’ y reciclaje tóxico que encubren prácticas de dumping ambiental*”.

Para visibilizar esta problemática, Fronteras Comunes impulsa, junto con otras organizaciones, la plataforma México Tóxico un geovisualizador que documenta el flujo de residuos y sus impactos en los territorios. “Buscamos mostrar cómo la contaminación plástica está presente en todo su ciclo de vida: desde la extracción petrolera hasta su desecho e importación masiva como basura”, explica.

Un precedente histórico: el Amparo contra los plásticos de un solo uso

La articulación entre organizaciones también ha derivado en avances jurídicos relevantes. Uno de los más significativos es un Amparo ganó en 2024. que obliga al Congreso mexicano a legislar en materia de plásticos de un solo uso.

El proceso fue impulsado por seis organizaciones en 2023, en respuesta a los intentos de frenar regulaciones locales como la del estado de Oaxaca. La reacción de la industria y de sectores del propio Estado fue contundente. “Contamos con una fuerte oposición de la industria y con el respaldo abierto de instituciones del gobierno para evitar la prohibición”, señala Jacott.

Sin embargo, aunque la sentencia fue favorable, su implementación sigue pendiente: “Desde agosto de 2024 ganamos la sentencia, sin que a la fecha se ejecute la acción, por lo que seguimos trabajando”.

El caso ha adquirido además relevancia internacional. Durante una visita reciente a México, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre sustancias tóxicas y derechos humanos, Marcos Orellana, expresó su preocupación ante los intentos de dar por cumplido este Amparo mediante la Ley General de Economía Circular. Desde su perspectiva, este tipo de marcos sólo pueden considerarse adecuados si garantizan la seguridad química y no sustituyen obligaciones de reducción con soluciones tecnológicas insuficientes.

Sus declaraciones coincidieron con las advertencias de organizaciones de la sociedad civil, que han señalado que dicha ley no establece medidas claras para limitar la producción de plásticos de un solo uso y abre la puerta a procesos como la pirólisis, cuestionados por sus impactos en la salud y el ambiente.

La fuerza del trabajo colectivo

A lo largo de esta década, el movimiento Break Free From Plastic ha demostrado que la articulación global puede amplificar las luchas territoriales. Para Fronteras Comunes, esta dimensión ha sido clave desde sus inicios en alianzas como GAIA, que posteriormente dieron origen al propio BFFP. “La importancia del trabajo en red radica en la capacidad para trabajar y compartir desde lo local hasta lo internacional los temas que nos unen”, afirma Jacott. “El trabajo en red nos nutre, nos permite construir y deconstruir tejido para avanzar, y debe sostenerse en la confianza, la transparencia y objetivos comunes”.

Esa articulación ha permitido no solo fortalecer capacidades, sino también impulsar iniciativas concretas. En 2022, organizaciones en México convocaron el primer encuentro nacional de BFFP, que contó con la participación de representantes de 15 organizaciones civiles y dos instituciones científicas y culminó con la Declaración Xitla, un posicionamiento en que se exige que se detengan las importaciones de plásticos contaminados a México, que haya transparencia sobre el destino final de este tipo de material y que se respeten los derechos de las y los recicladores. La declaratoria también pide que se fortalezcan las legislaciones que prohíban el plástico de un solo uso y que se elimine de la legislación todo tipo de incineración y coprocesamiento, valorización energética o tratamiento térmico como alternativa para el manejo de plásticos en México.

Para Jacott, el valor de pertenecer a un movimiento global es estratégico: “BFFP nos da fuerza local, nacional, regional y global. Nos ha enseñado el poder de herramientas como las auditorías de marca, el valor de la ciencia ciudadana y la importancia de evidenciar la responsabilidad corporativa y desmontar falsas soluciones”.

Hacia un tratado global de plásticos

El trabajo de estas redes también se proyecta en la negociación de un Tratado Global de Plásticos, un proceso clave para establecer reglas vinculantes a nivel internacional.

Jacott subraya que el tratado debe ir más allá de compromisos generales: “Debe tener un enfoque precautorio, reducir la producción de plásticos, regular sustancias tóxicas y evitar el comercio transfronterizo de residuos”.

Entre los puntos críticos, destaca la necesidad de reconocer los impactos del plástico en todo su ciclo de vida, establecer límites a los plásticos de un solo uso y evitar que estos materiales sigan siendo considerados como combustibles o insumos energéticos.

“El desafío es que estos acuerdos realmente se implementen en países como México, donde muchas veces los compromisos internacionales no se traducen en políticas públicas”, concluye.

Conciencia colectiva y responsabilidad compartida

En los últimos años, la percepción pública sobre el plástico ha cambiado. “Sí hay más conciencia colectiva y más actores involucrados, desde distintas perspectivas”, percibe Jacott.

Sin embargo, advierte que este avance convive con narrativas institucionales que promueven soluciones insuficientes: “En México, esta conciencia está siendo impactada por una política de Estado que impulsa el reciclaje industrial y energético del plástico”. Aun así, destaca el papel de herramientas como las auditorías de marca —incluso a escala doméstica— para evidenciar la responsabilidad de las grandes corporaciones.

Para Jacott, el desafío sigue siendo estructural: abordar no solo el consumo, sino también la producción, los químicos asociados y la gestión de residuos como parte de un mismo sistema.

Al hacer un balance personal, su reflexión es contundente: “Nunca imaginé las dimensiones de la actual crisis plástica, su carácter omnipresente y tóxico, su daño estructural. Necesitamos seguir construyendo caminos alternos frente a un futuro que dejó de ser ficción”.

A diez años de BFFP, el mensaje desde organizaciones como Fronteras Comunes es claro: frente a una crisis global, la respuesta sigue estando en la articulación, la evidencia y la acción colectiva. Y en la convicción de que otro modelo —uno donde la vida esté por encima del plástico— no solo es necesario, sino urgente.

*El dumping ambiental se refiere al traslado de residuos o contaminantes de un país a otro, generalmente de naciones desarrolladas a países en vías de desarrollo, aprovechando la menor regulación ambiental y los costos de disposición más bajos.

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